Solvitur Ambulando: Se resuelve caminando

Algunas de las cosas más interesantes que me han sucedido, han ocurrido mientras estoy caminando. Varios han escrito sobre los beneficios de caminar: mejora nuestra salud física y mental, nos ayuda a tomar mejores decisiones y reactivar nuestra creatividad; podemos adentrarnos en la naturaleza, meditar, andar por lugares conocidos re-descubrirlos, sorprendernos.

Uno de mis cantantes favoritos, Jorge Drexler, dice en una de sus últimas canciones: “si quieres que algo se muera, déjalo quieto”. Esta frase me hace recordar un carro rojo, -o que alguna vez fue rojo- y que está olvidado en un pastizal llegando al municipio de Chía, Cundinamarca y que vengo viendo desde que era niña. El musgo y el pasto lo han ido cubriendo con los años, ya casi no se ve, su antiguo dueño decidió no moverlo nunca más y sólo está esperando a convertirse en una montaña más. Los viajes, historias y recorridos de este carro, quedarán en el olvido, muertos y enterrados bajo la tierra. Sin embargo, pueda que su dueño haya decidido seguir caminando y movilizarse sin él.

Caminando, me encontré con uno de los mejores trabajos que he tenido, -en realidad no lo tomo como un trabajo, ha sido una de las experiencias más significativas de mi vida-, donde trabajé como docente de artes en la IED Juan José Neira en Machetá. Llegué a un municipio precioso, con excelente café, hermosos paisajes, gente maravillosa… decidí moverme de mi estudio un día, para despejar mi mente porque no me sentía muy bien, salí a dar una vuelta y al regresar por la noche, recibí un correo con la oferta del empleo. Por más extraño que suene, así fue, digamos que necesitaba esa experiencia y este trabajo me buscaba a mí, debía ir, moverme hasta allá y cumplir con una tarea, que para mí fue una misión. (En noviembre hablaré de esto).

Cuando salgo a caminar con mi perro, me gusta meditar, estar en silencio y conectarme con la naturaleza. En estos desplazamientos, me he encontrado con tréboles de cinco hojas, con piedras que parecen corazones, con conchas de caracol que quizá vinieron de un mar lejano a esta sabana bogotana, cáliz de uchuvas tal vez transportados por avecillas, dijes con inscripciones amorosas, florecitas raras, ramas que parecen brazos… en fin, regalos y apariciones que sólo encuentras cuando te mueves y sales a explorar tu entorno cercano.

Era un día de primavera en abril de 2016, me encontraba en la librería de la estación de Termini en Roma, la estación de ferrocarril más importante de la ciudad. Este es un sitio congestionado, -como toda terminal-, pero la librería apareció como un punto ciego, como un oasis. Buscando entre la gran variedad de libros, me topé con uno maravilloso, -un libro curioso que atesoro como uno de los más especiales que tengo-, se llama The Wander Society, de la genial ilustradora Kery Smith. El nombre me cautivó y sin dudarlo lo compré. Entre las páginas iniciales me encontré con la frase solvitur ambulando, que traduce del latín: se resuelve caminando. Al leerlo, sentí que me hablaba, estaba pasando por un momento de confusiones y haber tomado la decisión de andar, de viajar, de conocer, me dio parte de la respuesta, tenía que caminar y encontrarme en lo desconocido para avanzar y resolver algunas de mis dudas. Mientras esperaba la fila para subir al tren, me perdí entre las páginas y sentía recorrer las vidas y misterios de todos los wanderers o caminantes maravillosos que allí mencionan y que han pasado por esta Tierra, Walt Whitman, Virginia Woolf, Henry David Thoreau, Fernando Pessoa por mencionar algunos. Si ninguno de ellos hubiera implementado la caminata a su vida diaria y a su creatividad, quizá no hubieran producido las delicias literarias que hoy podemos leer. Moverse generó magia en sus creaciones.

Mi origen sirio libanés, es producto de un desplazamiento, un largo e incierto viaje que decidieron emprender un día mis antepasados, llegando desde el Líbano a la Guajira, en Villanueva, y luego a Valledupar. Una vez naciera y creciera, mi hermosa madre decidiría irse a Bogotá con algunos de sus hermanos a estudiar y posteriormente construir un hogar con mi padre, quien se desplazó gran parte de su vida y desde muy pequeño, desde Becerril, en el departamento del Cesar, lugar donde nació, pasando por Chiriguaná y luego a la capital. Después de algunos años, cuando ya empezaba a trabajar, él conocería lugares fascinantes como Francia, Perú, Brasil y otros tantos más. Mis hermanos y yo nacimos en Bogotá, transportando nuestros genes desde la costa caribe hasta el interior del país.

Caminando un día con mi hermana, pensábamos en la posibilidad de unir nuestros quehaceres y generar algo nuevo. Hacíamos algo muy cotidiano, -en realidad es casi un ritual-, íbamos a comprar las galleticas con las que acompañamos el café de la mañana en la tienda cercana y mientras pagábamos decidíamos qué hacer. Dimos el salto, bueno, en realidad bajamos el andén a la salida, y mientras caminábamos de regreso, tomamos la decisión de emprender un nuevo proyecto, en el que las dos pudiéramos movilizar nuestra alma, nuestra cotidianidad, generar un cambio positivo en nuestro entorno, y fue así que nos encontramos con algunas personas que pensaban parecido y que también decidieron moverse fuera de su zona cómoda y decidieron avanzar, creando proyectos disruptivos y divergencias que sacudan y rompan paradigmas. He de contarles que es un grupo de personas maravillosas con ideas geniales, que quieren generar todo tipo de cambios, que no esperan a que algo suceda, y por más frustrados que se sientan, llevan sus ideas a la acción. Insistimos en no quedarnos quietos, es que si lo hacemos, nos morimos como la plantica a la que no le prestas atención y que se seca ante tu descuido e indiferencia. (En un próximo post les contaré más al respecto, cuando haya caminado y resuelto más).

Eran los últimos días de noviembre de 2016, me encontraba haciendo la revisión y entrega de materiales e inventario en el colegio en el que trabajé en Machetá. Cuando terminé mi labor, me fui a recorrer las cercanías con dos de mis estudiantes más queridas, quienes me mostraron paisajes y bellezas de este entrañable lugar. Ese día decidí llevar algunos de los stickers que venían en el libro de Kery Smith que les mencionaba. Caminando por las montañas y siembras, me iba deteniendo entre los postes o estacas e iba dejando algunas de las pegatinas que venían con el mensaje: Solvitur Ambulando. Caminando fui resolviendo algunas de mis más profundas dudas, fui encontrando más preguntas y al mismo tiempo, sentía que caminar por esas tierras dejando esos mensajes allí, era como una especie de despedida que hacía a mi antigua yo, esa que se resistía a los cambios y que ahora no concibe la vida sin movimiento.

La quietud es sumamente importante, pues nos permite reflexionar y entender, pero andar, avanzar y seguir adelante, es lo que cambia todo, y la transformación es lo único constante, como el largo y complejo viaje que emprende el pez Koi contra la corriente para que, una vez fortalecido y orgulloso de su perseverancia, se transforme en dragón hasta llegar a su destino, el que nunca es definitivo, pues el viaje continúa, como el viaje que narra Constantin Kavafis en su poema Viaje a Ítaca, esa razón de vivir, es decir, esa sed de conocer, de aprender, de seguir en movimiento.

SolviturAmbulando
Una de las pegatinas con el mensaje Solvitur Ambulando que dejé en algún poste en Machetá.

5 comentarios sobre “Solvitur Ambulando: Se resuelve caminando

      1. Caminar.
        Me encanta caminar. No importa si hace frío o calor. O si estoy en la playa, la ciudad o la montaña.
        Mientras caminas te liberas, relajas y despejas tu mente.
        Si caminas y observas redescubres los hermosos detalles de tu entorno.
        Gracias por compartir el texto.
        Me encanto

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  1. Caminar, caminar y caminar
    Me encanta caminar. No importa el frío o el calor. O si estoy en la playa, la ciudad o la montaña.
    Caminando te liberas, relajas y despejas tu mente.
    Mientras caminas y observas descubres detalles hermosos de tu entorno.
    Coincido con el texto. Me encanto.
    Gracias por compartilo

    Le gusta a 1 persona

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